Posteado por: Reinaldo Millán | 3/13/2008

El rugido del cordero

Cordero era un hombre de baja estatura, delgado, con voz ronca desgarrada y la personalidad explosiva de un león, sujetado a un bigote de cabellos blancos decorado con manchas de humo amarrillo. No hablaba. Rugía. No era un cordero. Se trataba de un león.

Al llegar al comité del retador sentí de inmediato la presencia de su figura y pensé por un momento que el tiempo se había detenido antes de que partiera a mejor vida en el año electoral de 2004. No sé si fue porque hacía tiempo que no hacía un reportaje para radio o estaba experimentando eso que los franceses llaman “deja vu”, al sentir que había vivido ese momento anteriormente.

Las últimas elecciones que reporté fueron en noviembre de 2000. En aquella ocasión el alcalde Cordero revalidó por una ventaja cercana a los 20,000 votos. Hace cuatro años que murió, pero Cordero sigue viviendo en la mente y hasta en los gestos de sus seguidores. Por si fuera poco sigue incidiendo decisivamente en la política ponceña. Se puede decir que es el primer político que gana una alcaldía desde la tumba ya que los ponceños votaron por el Dr. Zayas para que se le diera continuidad a su obra.

En cada rostro, cada movimiento, cada gesto de los seguidores de su principal discípulo, Jirau, estaba presente el toque corderista. “Vamos a exigir que se cuente voto por voto, que se respete la voluntad de cada elector porque no vamos a permitir que nos roben las elecciones”, dijo Jirau, como poseído por una fuerza extraña o como si fuera el propio Cordero el que estaba hablando. Había finalizado la votación y era hora de contar los votos. En ese ritual que llaman elecciones, los votos son importantes solo si se cuentan.

Jirau, a quien recordaba como el apacible abogado que administró el municipio de la mano de Cordero, se había transformado en un aguerrido combatiente movido por una aspiración que surgía del deseo de rescatar el orgullo ponceño y decidido a retomar el churumbismo. Sentía que la primaria era una batalla por “Churumba”, por su propio prestigio y por su orgullo como el marido mancillado.

Ponce no es fácil de entender, especialmente por los metropolitanos. Por eso, cuando los ponceños perciben que su alcalde no está defendiendo la ciudad como lo hizo Cordero, sienten que algo anda mal y hay que resolverlo. “Ponce es Ponce y lo demás es parking”, más que una consigna grandilocuente es un grito de dolor ante el absorbente sanjuanismo que además del presupuesto y la economía, se traga todo lo que produce el país. Se traga el poder ejecutivo, el poder legislativo, el poder judicial y hasta el cuarto poder.

“No vamos a permitir que San Juan decida quién debe ser el alcalde de Ponce”, gritó uno de los seguidores del retador. “Somos los ponceños los que decidimos quien es el que debe ser nuestro líder”, agregó. Por un momento pensé que más que un fantasma, Cordero estaba vivo y que nos habían plantado una noticia fabricada. No bien pensé eso y cuando miro hacia el lado encuentro un rostro parecido al del fenecido alcalde. Se trataba Ramón, quien no gusta del estilo del actual alcalde y respalda a su retador, que era la mano derecha de su hermano. “Yo lo respaldé al principio”, comentó sobre el alcalde, “pero ahora no porque le está tirando a mi hermano”, añadió a toda velocidad, casi sin respirar.

Avanzaban las horas, y los resultados comenzaban a llegar a la cabina de prensa. En su primer reporte, el retador informó que el 60 por ciento de los electores de las primeras tres unidades reportadas le daban la ventaja frente al alcalde. Una hora más tarde la imagen de la pantalla del salón principal cambiaba para actualizar el conteo. Seguía al frente el abogado con 55 por ciento a su favor. Más tarde la ventaja bajaba por un por ciento. Una hora transcurrió y la pizarra seguía congelada con el último boletín. En ese momento el nerviosismo era evidente en el rostro de los ayudantes del retador. “Algo está pasando”, dijo su ayudante de prensa.

Minutos más tarde, el retador se dirigió a sus seguidores. “La votación finalizó pero los votos hay que contarlos todos. Nadie puede abandonar los colegios hasta que se firmen las actas y se cuenten todos los votos. No vamos a permitir que un voto se deje de contar”, expresó mientras su gente gritaba y aplaudía al ritmo del himno “Jalda arriba” del partido gubernamental. A su lado estaba su esposa, quien fue otra de las ayudantes de Cordero. Sonreía nerviosamente con la mirada perdida. El comité del retador parecía la alcaldía de Cordero. Había choferes, mensajeros, secretarias, jefes de departamentos, en fin, era la gente de Cordero”, los que estaban contra el alcalde.

La noche pasó y no se supo quien ganó la primaria. El tiempo se detuvo y los resultados permanecieron congelados como si una mano invisible no quisiera que se conocieran los números finales. La Comisión Estatal de Elecciones llevó a cabo un recuento de las papeletas unos días después arrojando un resultado de 30 votos de ventaja para el incumbente. No quedó duda de que Cordero sigue vivo. Le dan vida el tiempo, la historia, los sentimientos, su gente y en especial un oxigeno llamado Política. Desde su tumba el cordero sigue rugiendo como el fiero león que delataba su ronca voz y frondoso bigote. RMQ    

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Bravo, Master Reinaldo !BRAVO!

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