El 10 de Julio de 1852, salió el primer número de El Ponceño, periódico local, literario, mercantil y de avisos de la Villa de Ponce. A 150 años de ese extraordinario acontecimiento, nos corresponde a los que ejercemos el periodismo en esta villa, hacer una reflexión sobre el pasado, presente y futuro de nuestro oficio.
Tenemos que agradecer a todos aquellos que se han dado a la tarea durante los pasados 150 años de practicar el periodismo, y a los que sin serlo se han dado a la tarea de conservar las copias de los periódicos que en Ponce se han publicado.
Quiero aclarar que apenas soy un aprendiz de historiador, un aficionado a la literatura y un simple artesano del periodismo. No soy historiador ni investigador en comunicación pública. Dentro de ese marco quiero compartir con ustedes una reflexión sobre el periódico El Ponceño.
El periodismo debió haber surgido en Ponce en el 1848 cuando un catalán llamado Felipe Conde publicó un prospecto de El Observador Ponceño. Sin embargo las condiciones de censura bajo el gobierno de Juan Primm, abortó la idea de Conde o más bien la pospuso. Estamos hablando de que existió en esa época una represión extraordinaria contra todo lo que se proyectara como anti español. Conde había traído a Ponce en 1841, la primera imprenta comercial, por lo que su interés, determinación y firmeza no lo detendrían a pesar de que tardó siete años en lograr su sueño.
El primer número de El Ponceño, indicaba que se trataba de un periódico local, literario, mercantil y de avisos, que se suscribía en la redacción de la Calle Isabel, número 30. Se publicaba los sábados y tenía una suscripción mensual de 6 reales. En ese número del 10 de julio de 1852, el editor escribió lo siguiente. “En el mes de mayo próximo pasado de 1848, concebimos la idea de dar a luz un periódico que abra a todos los intereses materiales de esta villa, y la ponga en relación con todos los pueblos por medio de la publicidad”.
“Nos presentamos en la arena periodística sin pretensión de clase alguna y con la modestia propia del que quiera un fallo de un público que ha dado mucha prueba de buen crédito y en el que se encuentran hombres de una ilustración nada común”, agregó el editor.
EL Ponceño era un periódico completo en el que el lector encontraba la información que necesitaba, era alertado de lo que ocurría y también se entretenía. La sección local siempre presentaba comentarios sobre los acontecimientos más importantes y los problemas de la comunidad. El Ponceño inició campañas para la construcción de un hospital, un acueducto, un ferrocarril, un puente, un banco de crédito y un casino. Es decir, a mediados se siglo 19, los ciudadanos reclamaban que se pusiera a Ponce en Marcha.
Con redactores como Benito Vilardel, Daniel de Rivera y Andrés López Medrano, El Ponceño se ganó el favor del público. En el número correspondiente al sábado 17 de Julio de 1852, el editor nos dice, “Cuando dijimos que Ponce se hallaba a la altura de los pueblos más civilizados, y que por lo tanto era digno de que su eco transmitiera a toda la isla, y a los países más comerciales, no aventuramos una ligera expresión ni una paradoja, sino una idea hija de una opinión profunda y arraigada que no era nada nueva en nosotros. Lo confesamos, el éxito ha correspondido a nuestras esperanzas y podemos asegurar que muchos, muchísimos periódicos han carecido de los elementos con que el nuestro cuenta al nacer aún en ciudades más populosas”. En esas palabras vemos una muestra de que ya los residentes nacidos en otras tierras se consideraban Ponceños de Verdad.
El Ponceño presentó a sus lectores una sección literaria a cargo de Daniel de Rivera, titulada Variedades, en la que se encargaba de reseñar y comentar las actividades de mayor impacto para la villa. El sábado 24 de Julio, El Ponceño publica una nota que dice, “Teatro. Sabemos por conducto fidedigno que la compañía de opera va a venir muy pronto y ya estaría aquí si no se hubiese presentado la dificultad de la falta de un maestro de piano para el acompañamiento”. Acto seguido el redactor emplazó al maestro de piano Manuel Pasarel para que acompañara la opera. En El Ponceño también se criticó el baile del merengue, que era como llamaban a la Danza, por considerarlo un baile irrespetuoso y lascivo por su compás voluptuoso. En 150 años no hemos avanzado mucho, diría el amigo editor ya que lo antes era la danza, hoy es el perreo.
En El Ponceño se discutieron también noticias internacionales. Había preocupación por lo que pasaba en México, España y Cuba. En las páginas de economía, El Ponceño publicó noticias sobre la apertura de comercios así cómo de las quiebras de negocios en la región. En la página mercantil también se publicaron las llegadas y salidas de barcos. Entre sus críticas se encuentran unos señalamientos contra los jornaleros y los hacendados. A los primeros por listos y a los segundos por no serlo. Obviamente El Ponceño no era un órgano obrero.
La sección de avisos de El Ponceño publicó anuncios de panaderías, farmacias y hasta de hacendados esclavistas. Un anuncio del 24 de Julio de 1852, dice ,“Se ha fugado de la hacienda de los señores Dade y Overman, hará como dos meses, un Negro llamado Walington, cómo de 40 años de edad, ágil, cuerpo alto, natural de San Eustaquio, sus facciones son muy finas, habla español, francés e inglés” . Claramente los amos tenían menos cultura que el esclavo.
El Ponceño duró apenas dos años. El 22 de Julio de 1854, Daniel de Rivera publicó el poema “Agueybaná El Bravo”, que indignó al gobernador Fernando Norzagaray, por considerarlo antiespañol. De Rivera tuvo que abandonar Puerto Rico, a Felipe Conde lo multaron en mil pesos y la imprenta fue confiscada para ser vendida por 393 pesos, que se utilizaron para adornar el Paseo de la Princesa en San Juan. Después de EL Ponceño se han publicado decenas de periódicos en Ponce, han surgido emisoras de radio y canales de televisión que retransmiten la información que se produce en San Juan y el resto del mundo.
Hoy día, los principales diarios, agencias y cadenas de noticias de radio de San Juan cuentan con reporteros en Ponce, mientras que Univisión piensa abrir una corresponsalía. Sin embargo, desde el punto de vista empresarial se tratan de proyectos experimentales. No sabemos si se trata de talleres permanentes bien pensados por la gerencia de los medios.
Desde el punto de vista laboral, los reporteros de Ponce son los últimos en ser reclutados y los primeros en ser dados de baja en los departamentos de noticias. En cuanto al aspecto salarial, con excepción de los que están unionados, no se les trata igual que a los de San Juan.
De los diarios del país, sólo Primera Hora, El Vocero y El Nuevo Día tienen reporteros en Ponce. Para los que no lo saben, El Ponce Star no tiene reporteros en Ponce ya que las plazas que había, las eliminaron. En cuanto a las emisoras de radio, las cadenas que originan su programación en San Juan apenas cuentan con corresponsales que reciben una remuneración muy baja por su limitada participación. De las agencias de noticias, Prensa Asociada cuenta con una plaza regular en Ponce, mientras que EFE mantiene una corresponsalía.
Es cierto que las condiciones que enfrentaron los que laboraron en El Ponceño hace 150 años no son similares a las de hoy, pero todavía Ponce necesita que los empresarios locales inviertan en medios de comunicación en la ciudad.
WPAB tiene que permanecer en manos ponceñas. La Perla del Sur tiene que permanecer en manos ponceñas. La Opinión del Sur debe estar en manos ponceñas. A los suscriptores, oyentes y televidentes les pido que respalden a los que hacen periodismo en Ponce, para que no se tengan que ir de la ciudad. Que la semilla que sembró El Ponceño, no deje de rendir frutos.
Estas expresiones las hice hace seis años, el 10 de julio de 2002, durante una actividad en el Museo de la Historia de Ponce, con motivo del 150 aniversario del primer número de “El Ponceño”. Parece que fue hoy. reymillan@hotmail.com
Escrito en Cuarto Poder


