Hace 120 años, un hijo de esta tierra nos decía que “el periodismo es, entre todas las instituciones auxiliares del derecho, la que más le ha servido algunas veces y la que más continua y eficazmente podría servirle siempre. Cuando habla, su voz tiene la fuerza de cien voces”. Eso lo dijo el maestro Eugenio María de Hostos en su magistral obra La Moral Social de 1888.
Hostos también nos enseñó que “no hay ningún sacerdocio más alto que el de periodista; pero por lo mismo, no hay sacerdocio que imponga más deberes, y por lo mismo, no hay sacerdocio más expuesto a ser peor desempeñado”.
Al recordar a Hostos, queremos recomendar el libro Escándalo político y periodismo en Puerto Rico, de Israel Rodríguez Sánchez, como una gran aportación, no solo al estudio del periodismo puertorriqueño sino también al estudio de la Ciencia Política y la Administración Pública en nuestra patria.
En menos de 200 páginas, Rodríguez Sánchez analiza seis casos a través de cinco décadas que ilustran lo que podríamos llamar la evolución del periodismo investigativo en Puerto Rico, pero dentro de un contexto global, es decir, dentro de la corriente internacional. A través de la obra Israel analiza la trayectoria de este importante género periodístico en los Estados Unidos, Europa y la América Latina.
El autor nos presenta un trasfondo histórico del género de periodismo investigativo, y valga la pena aclarar, que el periodismo es una actividad intelectual y por ello fundamentalmente enraizada en la investigación, porque un periodista no es otra cosa que una persona que se dedica narrar el resultado de su investigación, de sus observaciones, de su análisis sobre un suceso que afecta a la sociedad en la que opera.
En su tesis, Rodríguez Sánchez, analiza reportajes que publicó The San Juan Star bajo la firma de Alex W. Maldonado en mayo de 1962 sobre empleados “fantasmas” en la Legislatura. Así como la serie de reportajes de Tomás Stella y Manny Suárez sobre los asesinatos de dos jóvenes independentistas en el Cerro Maravilla en 1978, que dieron pie a una investigación legislativa, una intensa campaña política y el encarcelamiento de un grupo de agentes de la Policía Estatal.
De El Nuevo Día nos presenta los reportajes sobre la desaparición del Girod Trust Company por Silvia Licha en 1984 y las transacciones fraudulentas del empresario Andrew Cipollo investigadas por Leonor Mulero en el 2000.
Rodríguez Sánchez, presenta de Primera Hora, una investigación de Rosita Marrero en el 2000 sobre la excarcelación ilegal de los asesinos de los independentistas en Maravilla, y mientras que de El Vocero aparece con una serie de reportajes firmados por Beatriz De La Torre sobre la condonación gubernamental de su deuda millonaria a una compañía privada, la Caribbean Petroleum Corporation (CAPECO), publicados en enero de 2003.
En su análisis de esos reportajes, Rodríguez Sánchez, es justo con los textos, es decir, examina las fortalezas y debilidades de cada uno. Por ello calibra las fuentes utilizadas, los datos que faltaron, y la forma de presentar los reportajes. Un ejemplo de esto es que en el caso de los reportajes de Alex W. Maldonado sobre “empleados fantasmas”, el autor subraya que “con una visión crítica, a veces prejuiciada- Maldonado hace una generalización de que el cuadro descrito es típico de los procesos legislativos de Puerto Rico”(p. 92).
Rodríguez Sánchez nos explica además los peligros que supone el periodismo de investigación, cuando los reporteros de The San Juan Star, Manny Suárez y Tomás Stella, tuvieron que enfrentarse a un gobernador hostil que no toleraba el contenido de sus reportajes, pero también nos explica que el trabajo de estos dos gigantes de la prensa puertorriqueña, dio cátedra de objetividad periodística al no describir a los jóvenes asesinados como ‘terroristas” o “supuestos terroristas”, como prácticamente se hizo en el resto de los medios de comunicación de esa época.
Creo que hay más casos que los que mencionó Rodríguez Sánchez, en especial del semanario Claridad , así como me hubiese gustado leer las entrevistas a los autores de cada reportaje, pero no se trata de un libro de historia y anécdotas. Del mismo modo hay que subrayar que el periodismo investigativo en la prensa regional es casi inexistente, especialmente por falta de recursos económicos y de personal.
También hay que aclarar que puede haber personajes que publiquen información falsa, parcializada y sin verificar contra una figura pública, vociferando que es periodismo de investigación, cuando en realidad se trate de una agenda personalista para asesinar reputaciones. Eso sería terrorismo mediático, no periodismo investigativo.
Lo que podemos estipular como un dato irrefutable, es que los periodistas investigativos de todas partes del mundo, enfrentan muchos peligros que van desde el desempleo, la persecución y el destierro, hasta la misma muerte, por denunciar escándalos políticos basados en sus propias investigaciones objetivas.
En Puerto Rico no hemos sufrido muertes de periodistas, pero la amenaza del desempleo, la persecusión y el destierro, siempre ha estado cerca. A ellos, a los que han enfrentado esas amenazas, queremos reconocerlos al recomendar este libro, por tratar de vivir al pie de la letra las enseñanzas del maestro Hostos.
Escrito en Cuarto Poder



