En dos ocasiones he sido servidor público, una bajo la administración de la primera gobernadora de Puerto Rico, Sila Calderón, y la otra durante el gobierno compartido de Aníbal Acevedo Vilá.
En la primera ocasión fui reclutado por un fiscal como ayudante de prensa en una extinta agencia de gobierno. El diario para el que trabajaba cerró las redacciones regionales, quedándome sin empleo en pleno verano de 2002.
Paradójicamente, fue luego de una conferencia que ofrecí sobre el sesquicentenario del periodismo ponceño, que el fiscal se me acercó para ofrecerme trabajo, luego de que un amigo periodista le informara que iba a quedarme sin empleo.
Fue una decisión muy difícil, ya que lo único que he querido hacer es periodismo, nunca me interesaron las relaciones públicas y nunca he prestado mi voto íntegro a ningún partido, pero estaba casado, tenía que mantener una familia, y el jefe de agencia nunca me preguntó si estaba afiliado a su partido, ni tampoco si pensaba votar en las próximas elecciones.
Lo mismo me ocurrió en 2005 cuando me ofrecieron dirigir la oficina de prensa del municipio de la región sur. Luego de haber aceptado me rajé como dicen los mejicanos, por una simple razón, perdí la confianza en el alcalde. Pienso que para que una persona forme parte del servicio de confianza gubernamental, debe haber una confianza mutua entre sus jefes y el empleado, ya que no son puestos de carrera. En algunos casos vasta una simple conversación para ganar o perder la confianza en una persona.
Preferí quedarme sin empleo, además de que no es lo mismo ser un oficial de prensa de una agencia estatal a la de un relacionista de un municipio. En una agencia hay un trabajo más institucional, mientras que en un municipio todo tiene relación política, ya que es un político el que dirige y siempre se trabaja para la reelección, aunque siempre he dicho que un trabajo bien hecho es la mejor estrategia de relaciones públicas.
Meses después, fui reclutado por un joven médico para la oficina de prensa de otra agencia de gobierno, por recomendación de otro amigo periodista. El Dr. tampoco me preguntó por qué partido he votado ni por el que pienso votar, aunque debo decir que he practicado más la abstención que la votación.
Cuando el joven médico decidió renunciar a su cargo, 18 meses después, para regresar a la práctica privada, decidí renunciar también ya que no deseo laborar para personas que no conozco, pero más que eso, en las que no confío.
En tres décadas de experiencia en los medios de comunicación, he sido reportero de noticias y oficial de prensa, pero nunca he practicado ambos oficios simultáneamente, ya que eso está éticamente prohibido, aunque legalmente sea admitido porque en nuestro país no existe la colegiación compulsoria.
Nunca he trabajado para nadie en contra de mis principios, aunque me he quedado sin empleo en contra de mi voluntad. No se trata de que sea un ejemplo para la humanidad, un paladín de la ética y mucho menos un puritano que no quiere contaminarse como lo han hecho otros. Creo que un comunicador puede ofrecer sus servicios como periodista, oficial de prensa, publicista, animador, locutor y artista gráfico, pero no al mismo tiempo, ya que eso representa un conflicto de intereses.
Un periodista que realiza, al mismo tiempo, labores de relacionista público o publicista enfrenta un conflicto de intereses, del mismo modo en que un fiscal violaría su ética al ejercer al mismo tiempo la labor de defensor de un acusado. Lo mismo ocurre con el periodista activo, que no debe tener contratos de relaciones públicas con sus fuentes ni con ninguna otras.
El periodismo exige un profesional a tiempo completo y las relaciones públicas también. No deben ejercerse ambas labores simultáneamente. Por eso cada vez que encuentro que hay un reportero activo que mantiene contratos activos con el gobierno o graba anuncios para una corporación privada, siento que ambas profesiones sufren una herida que nadie pude curar.
Escrito en Cuarto Poder


