Cuando pienso en mujeres de la radio ponceña, son tres los nombres que vienen a la mente. Jeannette Blasini, Vivien Mattei y Vangie Rivera. Aunque durante los pasados 20 años muchas féminas han hecho una aportación significativa, son estas periodistas las que más han sonado y en cierto modo las que establecieron la pauta en la región sur de Puerto Rico.
Blasini, con un bagaje repleto de ricas vivencias alimentadas por el arte, informó y entretuvo a una generación a través de sus programas en la emisora de la Gente Alerta. Con una voz singular, una mirada perdida, y una especial curiosidad anclada en un despiste gracioso vestido de ingenuidad, Jeannette logró capturar a miles de amas de casa y chóferes de carro público que escuchaban con extraordinaria fidelidad sus preguntas desorganizadas y sus comentarios improvisados, de lunes a viernes, después del noticiario y antes de las noticias deportivas.
Todavía se recuerda en Ponce, su famosa intervención en la emisión especial que se transmitió con motivo de las desbordantes lluvias que provocaron que la tierra se comportara como arena movediza en una fatídica noche de 1985, cuando decenas de casas con sus habitantes dentro fueron arrastradas y sepultadas por una avalancha de lodo en lo que se conoce como la “Tragedia del barrio Mameyes”.
En aquella ocasión y para evitar el pánico de los oyentes, Blasini, trató de contener las intimidadas voces de los asustados comunicantes que alertaban sobre el derrumbe de la montaña en la que vivían sus vecinos. Fue una noche imposible de transmitir, una historia difícil de olvidar y un momento que no se puede borrar, pero que quisiéramos no hubiese ocurrido.
Ante la inverosímil información que estaban transmitiendo los comunicantes que inundaron las líneas telefónicas, la emisora de la Gente Alerta se movilizó al lugar y junto a las autoridades corroboraron lo que nadie quiso creer, incluyendo a Jeannette, pero que la realidad no podía desmentir.
Ese episodio ilustra claramente la ardua labor de un comunicador, especialmente en el inmediato medio de la radio, por tratar por un lado informar al mundo y por el otro lado de no alarmarlo. Luego de esa emotiva e histórica transmisión, no hay nadie que dude de la importancia que tiene la radio, no solo para los ponceños y los que vivimos en la región sur, sino de todos los que habitamos este archipiélago.
También recordamos el trabajo de Vivien Mattei, quien con un equipaje académico y cultural basado en la psicología, la comunicación de masas y el arte, se adentró en el misterioso y resbaloso mundo de la planificación ambiental y la ecología, para presentarnos reportajes iluminadores sobre los procesos de declaraciones ambientales y su estrecha vinculación a la política partidista, en un descubrimiento cercano del tercer tipo de eso que se supone sea la política ambiental. Antes de Vivien, la cobertura de asuntos ambientales y la ecología era más bien anecdótica, por decir algo, que es lo menos, y a partir de ese momento despertaron las comunidades, encendiendo la mecha de un fogoso movimiento vecinal en defensa del ambiente, avivados por dirigentes comunitarios que anclaron alguna vez en sus años mozos en la educación política de movimientos radicales a finales de los 70 y principios de los 80.
En ese tiempo también estuvo Vangie, que además de haberse formado académicamente en el drama y haber sido una figura notable en la televisión, logro hacer una transición loable hacia la radio y con su perfecta dicción y una voz de actriz de teatro juvenil, informó, formó y entretuvo una audiencia con entrevistas culturales efectivas y producciones especiales dedicadas a las bellas artes.
Hubo otras mujeres que lograron destacarse, como Aidsé Maldonado, Maritza Cañizares, Ana María Rolón, Mabel Pola, Jocelyn Ortiz, Millie Cabán y Darisabel Pérez, quienes tomaron en sus manos el mismo micrófono que utilizaron Jeannette, Vivien y Vangie.
Aidsé se adentró valientemente en el peligroso mundo del reportaje de las noticias del momento y todavía se recuerda que su vida corrió peligro en medio de un motín dentro de un condominio público que en los 80 eran denominados simplemente como caseríos.
Maritza siempre tuvo la televisión como su aspiración principal, aunque todavía se recuerdan sus contagiosos programas en los que se identificaba con los entrevistados con una sensibilidad nunca antes escuchada por una reportera, mientras que Ana María, con una experiencia como estudiante de periodismo en Long Island, y una visión radical de la noticia, nos ofrecía una visión feminista y sindical que ya no se escucha en las empobrecidas transmisiones de nuestros machistas días adornados por el “perreo” de las burbujeadas gatitas de nuestro planeta radiofónico.
Mabel con su especial sensibilidad, Jocelyn con su juvenil picardía, Millie con su notable veteranía y Darisabel con su curiosidad puntillosa, tomaron el micrófono en la emisora de la Gente Alerta, en un concierto de voces femeniles que imprimieron un sabor especial a la radio ponceña.
Ninguna de ellas permanece en la radio. Jeannette debe estar entrevistando en estos momentos en una emisora del Paraíso a un Da Vinci, o quizá a Miguel Ángel, o tal vez esté conversando con Picaso, Dalí o el maestro Cordero. El resto se ha dedicado a otras cosas para las que vinieron al mundo, que no solo fue parir y echar adelante a sus vástagos, sino que han entrado en el mundo de la asesoría en comunicación política, la publicidad y academia.
A ellas, que entretejieron historias variadas y jugosas, que nos animaron con interesantes comentarios y entrevistas, que nos formaron con un nuevo discurso antimachista, démosle gracias en el Mes de la Radio, por el camino que trazaron y la semilla de sembraron. Gracias.
Escrito en Cuarto Poder


