Chito’s place

8 05 2008

 

Conviene hacer una pausa en esta asignación que me he impuesto de recrear episodios de la radio ponceña, para salir a tomar un poco de aire en la tarde y acudir a una de las parroquias de la conversación urbana que adornan las calles de nuestra ciudad y en la que es casi una obligación para el gaznate el degustar religiosamente ese preciado líquido que simplemente llamamos, cerveza.

Esa bebida, que es una especie de hermana gemela del pan, posiblemente se desarrolló en la zona de Mesopotamia antes de Jesucristo, su versión fue mejorada por los celtas y aclamada casi por unanimidad por los habitantes del archipiélago más hermoso del mundo; Puerto Rico.

Dentro del clima al que nos ha asignado a vivir el creador, no hay una bebida mejor concebida para armar una conversación sobre cualquier tema que una cerveza bien fría, al punto de que cuando la tomemos en nuestras manos parezca que hemos sido bendecidos con un pedazo del polo norte. Perdonen los cachendosos que se las dan de europeos y en su lugar elogian el vino como el que aspira a tocar una guitarra como un piano o bailar salsa como un vals, pero no me puedo resistir a los bellos encantos y la diplomática persuasión que brotan de una botella de cerveza.

La cerveza es, amigos míos, un viernes después de las cinco de la tarde, (perdónenme los sacerdotes a quienes les está permitido el vino tinto aburguesado y en su lugar prohibida esa bebida obrera de color amarillento), como si fuera una bendición divina o como una especie de premio por el esfuerzo que hemos hecho para ganarnos la vida con el sudor de la frente o mejor dicho, el de nuestras axilas.

No hay nada mejor que una cerveza bien fría al salir del trabajo todos los viernes después de cumplir con la tarea asignada, y hay un listado excelente de lugares para acometer tamaña empresa, pero que además estén aderezados de buena compañía y un ambiente propicio para la recreación sana y un clima perfecto para degustar de una buena conversación.

Sé muy bien, que todos ustedes tienen su sitio favorito, y no faltará el que piense en un lugar en el que haya un amplio estacionamiento y si es posible “vallet parking”, con un menú extraordinario y costosamente adornado con precios para adinerados, pero yo que soy un simple obrero de las palabras, un anónimo artesano del reportaje, un desconocido cronista municipal, y un involuntario soldado de la desocupación, me conformo o mejor dicho, me dispongo a acudir a un lugar más modesto, donde la apariencia es un estorbo y la diplomacia una muralla.

Se trata de un cafetín de una famosa calle en un lugar apartado del centro del pueblo, y en el que obreros de la banca, ejecutivos de la contabilidad, comerciantes del derecho, abogados de la cotidianidad, mecánicos de los sentimientos y paramédicos de la economía, acuden todos los viernes, luego de salir de sus respectivos trabajos, ya sea en el hospital, una oficina, un taller, el municipio o una agencia del gobierno estatal sino federal, para simplemente darse una cerveza bien fría sin pretensiones de emborracharse y mucho menos de embriagar a sus interlocutores con una palabra hiriente, una mirada ofensiva o un gesto hostil, por el simple hecho de no estar de acuerdo con una idea, un pensamiento o una declaración.

Me refiero amigos míos, a Chito’s Place, un lugar que se erige como un oasis en la carretera catorce de Ponce a Juana Díaz, (a la altura de La Rambla o mejor dicho, lo que queda del barrio Machuelos), donde decenas de conversadores que se hacen pasar por jugadores de domino, maestros del béisbol, analistas políticos, abogados sin título, economistas del hogar y reporteros del insomnio, acuden todos los viernes, envueltos en una manta regionalista, (que dejan saber a la menor provocación) para invocar unos al príncipe de la calle Sol, otros al filántropo industrial del papel de hormigón, y los menos al mártir de Tenerías, en un concierto de personalidades e ideas que pincelan un microcosmos de eso que llamamos ponceñismo.

Todo en fraternidad, con cerveza en mano como si se portara un diploma doctoral, una medalla de la libertad otorgada por la oscura Casa Blanca o una estatuilla del “Oscar”, entregada por la Academia de las Artes Cinematográficas.

No faltará el empleado municipal que recuerde los mejores tiempos del cordero que rugía como un león. Estará presente el que defiende la obra de FZS, cuyas letras parecen sustituir su nombre en una especie de seudónimo que nos presenta un hombre nuevo. Tampoco faltará el que defenderá la obra del gobernador que detuvo el Plan Ponce en Marcha y se matriculará en la conversación el defensor de la verdadera soberanía sin apellidos ni ropajes ocultos.

Allí estará el simpático abogado del ecuador ampliado, que además es aspirante a la legislatura municipal por la plancha de un candidato sobrejirau. También estará  el que solo le importa el deporte, pero que al contrario de Chito Figueroa, no es fanático de los Yankees, sino de los Medias Rojas de Boston o los Mets de Nueva York.

Todo el espectro de Ponce estará allí con sus tres centenarios, pero también se matricularán los que pasan sus noches en el valle del poeta de Collores, los de las tierras del villancico yaucano y los que nos llevan el café a nuestras mesas. También estarán los que han sufrido la contaminación de las petroquímicas en las costas de los guayacanes y flamboyanes. Tampoco será difícil visualizar a los que se desplazarán a sus hogares en Guánica, Coamo y Salinas.

En una mesa estará el economista retirado jugando domino como pareja del abogado advenedizo, y contra ellos el médico avezado y el comerciante aguzado, que tienen con sus fichas un verdadero compromiso fraternal. Se trata señores, de un momento especial, en el que con una cerveza bien fría como trofeo en mano, de la marca que sea, todos comparten miles de minutos sin silencio y nadie vive un segundo de soledad. Una cerveza por favor.RM    

   


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Un comentario a “Chito’s place”

11 05 2008
Cucharón Boricua (16:54:41) :

Y así, viernes tras viernes, cerveza tras cerveza, volvemos a ser gente, comunidad, pueblo. Volvemos, a ser gente como dice el dramaturgo.

Es la única manera de poder sobrevivir, el constante abuso de aquellos que se creen el poder y que durante la semana nos castran, mutilan o nos asesinan comunitariamente.

En ese sentido la cerveza en mano es fusil de resistencia y lugares como Chito’s centros de conspiración para la sobrevivencia de lo que todavía nos queda como pueblo.

Me apunto con otra y la de RM, la pago yo.

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