Agárrame esa gata por el rabo

Agárrame esa gata por el rabo. Esa fue una expresión que escuché casi durante una década todos los sábados en un programa de análisis y debate político que produjo el periodista Luis Penchi para la emisora WPAB de Ponce.

La frase era una especie de reto que dirigía a sus adversarios, un avezado abogado de Peñuelas, que llegó a ocupar la vicepresidencia de la Cámara de Representantes de Puerto Rico. Samuel Ramírez, fue representante por el centrista Partido Popular Democrático para el distrito de Ponce por varios términos, y todos los sábados debatía religiosamente con el comerciante José Luciano y el abogado Carlos Jesús Pérez, quien luego fue sustituido por la profesora Guelcia González. Todos sabíamos a quien representaban. No había comentaristas o analistas encubiertos.

Ramírez, poeta inédito que una vez fue redactor de Prensa Unida Internacional, acostumbraba utilizar dichos y refranes campesinos para tratar de sacar de balance a sus opositores en el debate y muchas veces lo lograba, especialmente con Luciano, quien también llegó a ser representante por el conservador Partido Nuevo Progresista, pero que al carecer de un expediente de lecturas folosóficas abundantes, lo colocaban en desventaja cultural e intelectual frente a sus adversarios políticos.

No recuerdo el nombre del programa, pero en mi casa no se lo perdían. Mi padre, que era un militante del partido de Luciano, se molestaba con este cuando era atrapado por una expresión mal construida que posteriormente era explotada, no solo por Ramírez sino también por un Carlos Jesús Pérez del Partido Independentista Puertorriqueño, que con una habilidad única para el sarcasmo hasta lo felicitaba por sus incongruentes y disparatados argumentos.

Aquel era un panel sabroso, entretenido y en el mejor sentido de las palabras, apetecible. Sí, porque los panelistas nos ofrecían un banquete del debate, nos ofrecían un concierto de metáforas, nos obsequiaban con un debate elegante pero honesto. Cada cual desde su trinchera y con los argumentos que tuvieran a su mano. Tanto Ramírez, como Luciano y Pérez, tuvieron diferencias en sus propios partidos, tanto internos como públicos. No sé donde están ahora, pero los recuerdo hasta con aprecio aunque en muchas ocasiones, yo mismo, en la distancia del oyente pasivo, también debatía con ellos. Luego los conocí personalmente y tengo el recuerdo de muy buenas personas que querían lo mejor para Puerto Rico. No sé si es la nostalgia que nos embriaga con la idea de que todo tiempo pasado fue mejor, pero esos paneles con personas como ellos, ya no se dan.    

El panel que conducía Penchi, era un aperitivo a las entrevistas que realizaba sábado tras sábado a las principales figuras de la política nacional. Desde gobernadores, jefes de agencias, legisladores, políticos y economistas, hasta presidentes de Organizaciones No Gubernamentales, acudían todos los sábados a someterse a un intenso interrogatorio por parte de Penchi, cuya estatura lo asemeja a Danny De Vito y su rostro a un sacerdote medieval.

No hay un preguntador más veloz que Penchi en este hemisferio. Antes de que usted haya finalizado la contestación ya Penchi está preguntando. Es en el mejor sentido una ametralladora de preguntas. Todavía no se ha generado un preguntador igual al Penchi de WPAB, ni siquiera el Penchi de Radio Isla. Hay algunos que lo imitan pero se trata de productos de segunda calidad. El Penchi de WPAB es irrepetible.

Todos los fines de semana, las notas que generaban las entrevistas que se conducían en WPAB, arropaban las páginas de los diarios. Y es que los reporteros de WPAB eran corresponsales de las agencias internacionales de noticias. Por eso, los fines de semana en Ponce, se generaban noticias hasta de asuntos que durante la semana en San Juan, pasaban por alto.

En Ponce se profundizaba sobre asuntos que pasaban como marginales en las conferencias de prensa en el Capitolio o La Fortaleza. Lamentablemente la superficialidad, el prejuicio tonto, la chabacanería grosera, la gritería sin propósito, la demagogia estúpida y el estereotipo enano, se han apoderado de las ondas de nuestras emisoras de radio. Alguien dijo un día que el crimen paga. Parece que alguien debe decir también que la ignorancia vende. Agárrenme esa gata por el rabo.

   

3 comentarios para “Agárrame esa gata por el rabo”

  1. Todo lo que dice esta columna, y la comparación del Penchi de WPAB con faccímiles no razonables sirve para evaluar los medios de la actualidad.

  2. Agustín Muñoz Dijo:

    Alexis, comparto contigo la necesidad de evaluar los medios, pero, quien agarra esa gata por el rabo y con qué propósito? Agarrar la gata por el rabo es para escuchar su aullido o es para observar si es hembra o macho? Quién le pone el cascabel al gato, los dueños, editores o los inversionistas?

    Agustín

  3. Joselyn Dijo:

    Crecí escuchando a Penchi y su panel todos los sábados. Coincido contigo en lo expuesto. Los contratistas gubernamentales o de algún partido ahora se visten con el traje de analistas, son tan imparciales como Don Eleuterio y pretenden que la gente les crea.

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