Mediocracia o la mitad de la democracia
La democracia (nos han enseñado) es el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo. Por lo menos eso fue lo que se inventó Lincoln, o su publicista. Pues bien, ya sabemos que eso no existe y en su lugar se ha instalado una corporocracia, especialmente en países situados al norte de México y en la parte occidental de eso que llaman Europa.
Todos sabemos que en el sur no hay democracia sino oligarquías perfumadas, pero el tema que me interesa ahora es otro. Así que al sur lo dejamos para otra entrada.
La corporocracia ha diseñado un instrumento muy efectivo que se llama Mediocracia. Esta nueva moda de participación es el gobierno del medio, para el medio y por el medio. Así nada más. Se supone que una persona vale un voto y un inversionista lo que invierte, pero en el mundo neoliberal los medios son los que dictan por quién usted votará y le ordenará al inversionista por quién y cuanto invertir. Es lo más parecido a una revista hípica.
Eso fue lo que ocurrió en ese invento que se llama Estados Unidos de América, cuando los medios de comunicación sepultaron a John Edwards y lo ningunearon como si no existiera. Claro está, Edwards hizo unas propuestas que amenazaban los intereses de los todopoderosos medios conservadores, especialmente los republicanos.
En Estados Unidos, cualquiera que asume una pose liberal, se ganará el honor de ser sepultado en el cementerio del olvido. Por eso es que Vargas Llosa se equivocó al caracterizar al México del PRI como la dictadura perfecta, en lugar de acuñar ese estribillo a eso que los descendientes de Washington llaman USA.
Así las cosas, Edwards, un candidato con mayor contenido programático que Obama y Hillary, fue derrotado en los medios, perdiendo la oportunidad de ganar votos y con ello la oportunidad de recaudar fondos. El fusilamiento de Edwards, significó una advertencia de las grandes corporaciones mediáticas controladas especialmente por inversionistas republicanos de extrema derecha y demócratas conservadores, contra todo el que pretenda, al menos, proponer una discusión sobre la democratización de los medios de comunicación.
Por ello, Barack Obama, se ha convertido en un candidato mediático y mediatizado. A pesar de que gente que le ha acompañado en su trayectoria social, política, religiosa y profesional, han profesado ideas liberales, los estrategas de su campaña tienen la tarea de presentarlo como un conservador compasivo y sensible, como una respuesta a la estrategia política de su sexagenario contendor. A Obama lo inflaron frente a Hillary y llegó la hora en que lo van a desinflar frente al senador militarizado.
En Puerto Rico, los medios han desaparecido al Partido Independentista y al Partido del Coquí, mientras que el Partido Popular Democrático, enfrenta uno de los restos más duros de una campaña electoral. No, no se trata de las acusaciones contra su líder – a la gente no le importa la corrupción- sino la de hacer una campaña contra un candidato que no existe como Luis Fortuño, un candidato mediatizado que responde a la Mediocracia. El PPD no tiene medios y se acabó la novela de Rosselló.
Mientras menos hable Luis Fortuño, será mejor para él y su partido, porque de ese modo las elecciones se convierten en un referéndum contra Aníbal. Si abre la boca se autodestruye. Si sigue como va, los medios conservadores, es decir, todos menos Claridad y Radio Isla- se encargarán de hacerle la campaña, porque el gobernante siempre está en desventaja con el retador en materia de administración pública.
En ese escenario, los periodistas son los que más ganan y los que más pierden. Primero porque la política editorial no la dictan ellos y segundo porque es un trabajo parecido al de los que aprietan el gatillo en el paredón de fusilamiento. En otras palabras, los periodistas están entre la espada de su editor y la pared de la ética profesional. Si no obedecen al primero pierden el empleo y si no hacen caso al segundo pierden la credibilidad.
Desde que ganó la nominación azul a la gobernación, nadie en Puerto Rico echa de menos a Fortuño. Es más, si se fuera hoy mismo del país nadie recordaría su nombre. De ese modo y en el mejor sentido de la palabra es el primer candidato virtual a la gobernación al punto que se le puede caracterizar como el candidato Facebook. Por eso es el candidato de los medios. El único que puede derrotar a Luis Fortuño en su camino a la gobernación es él mismo. Por eso sus estrategas le han dicho que no haga nada, que no hable, no camine, no pregunte y no conteste. Y eso lo saben bien los rojos. Por eso Aníbal insiste en un debate mensual y si lo dejan pactaría por uno diairio.
Parece que en pleno verano, Fortuño se fue de vacaciones y además aparenta haberle dicho a sus caballeros y damas de compañía que cierren el hocico. Rivera Schatz no se escucha. A De Castro Font lo amordazaron. Y a Iris Miriam Ruiz le cerraron la cremallera de sus labios. Hacer una campaña contra un adversario que no existe en el gran reto de los populares.
El PNP está de fiesta, una fiesta de silencio, una fiesta sin ruido. Esa es la mitad de su campaña. La otra mitad le corresponde a los medios. Eso es Mediocracia.
28 Junio 2008 a 8:46 PM
La democracia consiste en poner bajo control el poder político. Es esta su característica esencial. En una democracia no debería existir ningún poder no controlado. Ahora bien, sucede que la televisión se ha convertido en un poder político colosal, se podía decir que potencialmente, el más importante de todos, como si fuera Dios mismo quien habla. Y así será si continuamos consintiendo el abuso. Se ha convertido en un poder demasiado grande para la democracia. Ninguna democracia sobrevivirá si no pone fin al abuso de ese poder… Creo que un nuevo Hitler tendría, con la televisión, un poder infinito. Karl Popper 1996