Una guagua por una bicicleta

25 04 2008

 

Mucha gente no cree que haya cambiado una guagua por una bicicleta. Se trata de una transacción beneficiosa para ambas partes. La persona a la que le cambié la guagua, mi hermano gemelo, necesitaba urgentemente un vehículo de transporte para poder realizar su trabajo y a mí me faltaba un vehículo que no consumiera gasolina y que además me ofreciera la oportunidad de mantenerme saludable mediante la quema de calorías y grasa que bordean el ecuador de mi empobrecida atlética figura.

Eso ocurrió hace un año. Hoy, con unas libras de menos y un gran ahorro de combustible así como de dinero, puedo decir que ha sido una de las mejores decisiones que he realizado.

Una guagua cuesta mucho, se trata de una Isuzu, a la que además de combustible hay que cambiarle el aceite, llenarle las llantas, gastar una gran cantidad de agua para mantener su carrocería limpia así como sus interiores, y además hay que utilizar una aspiradora. A esto hay que agregar el líquido para el radiador y como si fuera poco, se trata de una propiedad mueble que deprecia y se corroe.

Una bicicleta, en cambio, no necesita gasolina, no hay que utilizar una gran cantidad de agua para mantenerla limpia ni cajas de aceite para engrasarla, así como tampoco hace falta que le echemos liquido para mantener una temperatura funcional.

La primera noticia que se tiene de un artefacto parecido fue un boceto de Leonardo Da Vinci, (quién más), en su obra Codex Atlanticus, en lo que aparenta ser el tatarabuelo de la bicicleta, aunque hay historiadores que han descubierto aparatos similares en Egipto, China y en las tierras aztecas.  

Sin embargo fueron los ingleses y los franceses los que mejoraron estos aparatos. Hoy día son millones los que utilizan este vehículo de pedales y además es un deporte olímpico que practican millones de atletas en el orbe. El Tour de France, el Giro de Italia y la Vuelta a España, son tres de las más importantes competencias profesionales.

En Puerto Rico hay un velódromo en Coamo, pero se utiliza para ferias agrícolas y espectáculos artísticos organizados por la fraternidad que dirige el Maratón San Blás. De vez en cuando se hace una carrera de ciclistas federados pero en su mayoría, las bicicletadas que se organizan en Puerto Rico, son actividades organizadas por los municipios u organizaciones sin fines de lucro para llamar la atención sobre el maltrato a menores o causas sociales.

Todavía no he visto una bicicletada en defensa del ambiente o como protesta por el alto costo del combustible. Tampoco he visto una bicicletada para promover su uso, así como tampoco tengo noticias de que se organice un evento ciclístico masivo como sustituto del vehículo de motor, aunque sea por un solo día, y mucho menos en los llamados carnavales de vejigantes o de los santos inocentes. Sería todo un espectáculo ver una Carrosa tirada por pedales.

No creo que nada de eso se vaya a materializar, en primer lugar porque lo que propongo va a encontrar resistencia en los dueños de las gasolineras, los vendedores de vehículos, los exportadores de petróleo, los organizadores de carnavales, pero sobre todo en los consumidores.

Así que yo sigo pedaleando con mi bicicleta mientras mi hermano sigue viajando al trabajo con su guagua. Los dos le damos al pedal, pero solo uno consume gasolina. Por lo pronto, habría que preguntar, ¿Quién se atreve a cambiar su vehículo de motor por una bicicleta? ¿Quién me sigue?

ventanasur@gmail.com

 

 




La brigada del pedal

24 03 2008

En un intento por resucitarme, y con el permiso de mi amigo Gary, me matriculé en la “Brigada del Pedal”, precisamente el Domingo de Resurrección, para devolverle un favor a mi cuerpo, y viajar sin más aire acondicionado que el que pasa a través del manubrio, y sin otro combustible que no fuera el de mis pantorrillas, en una aventura deportiva llamada ciclismo.

Además, como fieles católicos, decidimos no seguir dañando la ecología, que es uno de los nuevos pecados, aunque pensé que ya estaba cubierto con el primer mandamiento de amar a Dios sobre todas las cosas, ya que siempre se nos enseñó que Dios es el creador de la naturaleza misma, por lo que es muy difícil amar a alguien sin amar lo que esta ha creado.

Con mi hermano como escolta, ya que tiene mayor experiencia y  millas corridas en ese deporte, me aventuré a pedalear desde la avenida Luis Muñoz Rivera en el casco urbano de Guayanilla hasta el área donde está situada la famosa Playa Ventana. Para ciclistas más experimentados, el trayecto no es gran cosa, pero para mí fue como si hubiera participado en el Tour de France.

La temperatura estaba perfecta, no hacía el calor que comúnmente baña nuestros cuerpos de sudor desde que nos levantamos por la mañana los que vivimos en el sur, ni la amenaza de lluvia fue tan dramática como aparentaba, por lo que una combinación de ejercicio y placer, fueron los ingredientes principales de esa aventura recreativa.“Hace fresco y la llovizna refrescó el pavimento en vez de llenarlo de vapor”, le dije a mi hermano, quien avanzaba de dos a tres metros por delante.  Así las cosas atravesamos el casco urbano de Guayanilla, y tomamos la ruta de la calle Rufina, hacia el barrio Indio. 

En el camino no confrontamos problemas con los conductores, que era una de mis preocupaciones, a pesar de que  el espacio para ciclistas es muy limitado. De hecho el Artículo 11 de la ley 22 de Tránsito, establece las reglas de uso público de bicicletas en las vías públicas, así como la Carta de Derechos y Deberes de los ciclistas, y la Política Pública del estado con respecto a esta actividad deportiva, recreativa y de salud.

Se supone que para hacer valer esta ley, la Comisión para la Seguridad en el Tránsito, el Departamento de Transportación y Obras Públicas, la Policía de Puerto Rico y la Autoridad de Carreteras y Transportación llevarán a cabo una campaña educativa a través de los medios de información para orientar al público sobre los derechos y deberes de los ciclistas, pero no pude constatar si la experiencia con los conductores fue buena por la campaña educativa o porque se trataba de gente civilizada con sentido común.

En estos tiempos de aumentos diarios del precio de la gasolina, y además de la plaga del colesterol alto, sería bueno que todos pongamos un granito de arena, no solo por nuestra salud y nuestro bolsillo, sino por nuestro ambiente que ha sido rodeado de pecados ecológicos. La experiencia fue placentera tanto de ida como de vuelta, precisamente porque nosotros hicimos nuestra parte, y los conductores la suya. Esperemos que haya más conductores como los que nosotros encontramos el domingo de resurrección.

ventanasur@gmail.com