La culpa es de los periodistas

10 05 2008

No hay un oficio más visible y al mismo tiempo más incomprendido que el de periodista. Muchos creen que se trata de un actor con voz de locutor de radionovelas, pinta de galán con cuerpo atlético y con cara de modelo de tienda por departamentos, que además tiene acceso a los poderosos y los hace temblar con sus incisivas y molestosas preguntas.

Nada de eso. Si hubiera alguien que se encasille dentro del marco que acabamos de presentar, ciertamente se trataría de un maniquí, de algo que no es real, y de algún robot inventado por una cadena de noticias norteamericanas.

Un periodista es un ciudadano que ejerce diariamente el derecho civil más preciado de una constitución democrática, mediante la búsqueda de información, el cuestionamiento de las decisiones, la corroboración de los testimonios y la impecable presentación de una noticia en forma de reseña, reportaje, crónica, comentario o editorial. No se trata de un modelo de pasarela. No se trata de un locutor con una potente voz. No se trata de una figura atlética.

A ese ciudadano se le ha asignado en la sociedad, ejercer el derecho civil más importante, el que de verdad evidencia que existe eso que llamamos libertad. Sin libertad de expresión, no hay libertad, ya que el movimiento de un lado para otro de un ser humano sin ningún sentido, quedará caricaturizado como el “siempreparao”, o el “sietefondillos”, que andarán por el mundo sin rumbo ni estación.

Y esa libertad de expresión hay que ejercerla con buen juicio, inteligencia, honradez, honestidad, alto sentido ético y un compromiso inquebrantable con la verdad. Debe ser una persona con un concepto correcto de la profesionalidad. Debe ser una persona culta, es decir, no una que se conforme con un diploma o un título, sino que devore cada día o si es posible, en cada momento, los libros de historia, filosofía, economía  y derecho que lleguen a sus manos, si es que algún día no le da con matricularse en la noble universidad de los que no devuelven los libros que le prestan.

Esa persona debe saber; qué, dónde, quién, cómo y cuándo, que parecen ser las más fáciles interrogantes que buscar, así como la más difícil, por qué. No hay nada más incomodo que hacer preguntas. No hay nada más incomodo que contestar preguntas. Por eso los maridos infieles le huyen a sus ofendidas mujeres. ¿Dónde estabas? ¿De dónde vienes? ¿Con quién estabas? ¿Por qué me haces esto?

Por eso se generan miles de casos de maltrato infantil. ¿Papi porqué le pegas a mami? ¿Por qué le pegas a mi hermano?  ¿Por qué me pegas cuando pregunto por qué?  No debe haber un niño en el orbe que no haya recibido un golpecito o por lo menos una mirada furiosa de parte de sus padres, por el simple accionar de sus labios para pronunciar esas dos simples palabras acompañada de dos signos de interrogación. ¿Por qué?

Pues ese es el trabajo de los periodistas. Saberlo todo y descubrir por qué. Casi nada. Por eso los que se visten de la última moda, los que portan voces de actores dramáticos de teatro rodante, los que modelan como actores de Hollywood, difícilmente puedan cumplir con esa encomienda.

Estoy seguro de que nadie sabe quiénes son los directores de noticias de las emisoras del país. Y no los voy a mencionar, así que si algún profesor de lengua, literatura y periodismo de escuela superior les da esa asignación, sepan que en esta crónica no la van a encontrar. Y menciono a los estudiantes de ese curso tan interesante que en mis tiempos de “high school” tomábamos gustosamente, porque de seguro que los estudiantes de periodismo en la universidad saben de memoria los nombres de los aludidos.

Lo cierto es que son los periodistas, los jefes de información, y los directores de noticias en quienes recae la alta responsabilidad de transmitir la información más completa y confiable posible para que los ciudadanos en todas sus modalidades, es decir, electores, contribuyentes y consumidores tomen las mejores decisiones.

Si los electores no eligen a los mejores candidatos, no será culpa de ellos, porque los han cercado en un corral llamado partidismo, que respaldado por una ley electoral antidemocrática y temerosa del pluripartidismo, impide no solo la disidencia sino la independencia de criterio.

Por ello a pesar de que nos dicen que vivimos en una democracia nos meten miedo con la independencia. Por eso, aunque dicen que tenemos un sistema democrático expulsan a seis senadores de un partido por ejercer la disidencia. Por eso, aunque nos gritan que somos un país democrático no podemos elegir al presidente que llevará nuestros hijos y nietos a morir inútilmente en invasiones militares en tierras remotas. Por eso mientras nos duermen con la palabra democracia nos despiertan con el hecho de que no podemos negociar en igualdad de condiciones, acuerdos comerciales con el resto de los países del mundo.

Mientras eso ocurre, un psicólogo, una fiscal, un trabajador social, y una relacionista profesional, echaran toda su culpa contra los periodistas por las preguntas sin respuestas que realizará el conductor del programa radiofónico, por los comentarios tontos de los programas matutinos, por el teatro armado en un coliseo por un acusado gobernador de un acosado partido, por las noticias de los niños maltratados, por las columnas de Hillary y de Obama, por el robo de una pensión por un gobernador perseguido, por las millonarias primarias sin sentido de un partido que se llama demócrata pero que en verdad es un elefante vestido de burro, por los asesinatos de inocentes y culpables en una marquesina, por los abortos detrás de un supermercado, por los sacerdotes y evangelistas pedófilos.

La culpa es de los periodistas, dirán. La culpa es de la prensa, gritaran. Mientras eso ocurre, miles corren a pie para llegar a tiempo a tomar un video con sus teléfonos portátiles, del obrero que martirizado por la grave situación económica en la isla de los subsidios, se cuelga de una grúa a pleno sol ante una caravana de automóviles que inunda la carretera. La culpa es de la prensa.

La culpa es de la prensa, que utiliza la desgracia para hacer “rating”. La culpa es de la prensa, que se acomoda a candidatos acomodaticios. La culpa es de la prensa, repetirán como el que repite un estribillo en medio de un concierto de salsa, pero se olvidan que en esa democracia que nos han vendido, la prensa es un objeto rentable que no es propiedad de los periodistas y que de paso solo es un simple motor de búsqueda que alimenta con frialdad ese voraz apetito por el morbo y esa feroz hambre por recrearnos con el dolor ajeno. Pero sigamos gritando, que es lo más fácil. La culpa es de los periodistas.

ventanasur@gmail.com

 




La radio con perfume de mujer

5 05 2008

 

Cuando pienso en mujeres de la radio ponceña, son tres los nombres que vienen a la mente. Jeannette Blasini, Vivien Mattei y Vangie Rivera. Aunque durante los pasados 20 años muchas féminas han hecho una aportación significativa, son estas periodistas las que más han sonado y en cierto modo las que establecieron la pauta en la región sur de Puerto Rico.

Blasini, con un bagaje repleto de ricas vivencias alimentadas por el arte, informó y entretuvo a una generación a través de sus programas en la emisora de la Gente Alerta. Con una voz singular, una mirada perdida, y una especial curiosidad anclada en un despiste gracioso vestido de ingenuidad, Jeannette logró capturar a miles de amas de casa y chóferes de carro público que escuchaban con extraordinaria fidelidad sus preguntas desorganizadas y sus comentarios improvisados, de lunes a viernes, después del noticiario y antes de las noticias deportivas.

Todavía se recuerda en Ponce, su famosa intervención en la emisión especial que se transmitió con motivo de las desbordantes lluvias que provocaron que la tierra se comportara como arena movediza en una fatídica noche de 1985, cuando decenas de casas con sus habitantes dentro fueron arrastradas y sepultadas por una avalancha de lodo en lo que se conoce como la “Tragedia del barrio Mameyes”.

En aquella ocasión y para evitar el pánico de los oyentes, Blasini, trató de contener las intimidadas voces de los asustados comunicantes que alertaban sobre el derrumbe de la montaña en la que vivían sus vecinos. Fue una noche imposible de transmitir, una historia difícil de olvidar y un momento que no se puede borrar, pero que quisiéramos no hubiese ocurrido.  

Ante la inverosímil información que estaban transmitiendo los comunicantes que inundaron las líneas telefónicas, la emisora de la Gente Alerta se movilizó al lugar y junto a las autoridades corroboraron lo que nadie quiso creer, incluyendo a Jeannette, pero que la realidad no podía desmentir.  

Ese episodio ilustra claramente la ardua labor de un comunicador, especialmente en el inmediato medio de la radio, por tratar por un lado informar al mundo y por el otro lado de no alarmarlo. Luego de esa emotiva e histórica transmisión, no hay nadie que dude de la importancia que tiene la radio, no solo para los ponceños y los que vivimos en la región sur, sino de todos los que habitamos este archipiélago.

También recordamos el trabajo de Vivien Mattei, quien con un equipaje académico y cultural basado en la psicología, la comunicación de masas y el arte, se adentró en el misterioso y resbaloso mundo de la planificación ambiental y la ecología, para presentarnos reportajes iluminadores sobre los procesos de declaraciones ambientales y su estrecha vinculación a la política partidista, en un descubrimiento cercano del tercer tipo de eso que se supone sea la política ambiental. Antes de Vivien, la cobertura de asuntos ambientales y la ecología era más bien anecdótica, por decir algo, que es lo menos, y a partir de ese momento despertaron las comunidades, encendiendo la mecha de un fogoso movimiento vecinal en defensa del ambiente, avivados por dirigentes comunitarios que anclaron alguna vez en sus años mozos en la educación política de movimientos radicales a finales de los 70 y principios de los 80.  

En ese tiempo también estuvo Vangie, que además de haberse formado académicamente en el drama y haber sido una figura notable en la televisión, logro hacer una transición loable hacia la radio y con su perfecta dicción y una voz de actriz de teatro juvenil, informó, formó y entretuvo una audiencia con entrevistas culturales efectivas y producciones especiales dedicadas a las bellas artes.  

Hubo otras mujeres que lograron destacarse, como Aidsé Maldonado, Maritza Cañizares, Ana María Rolón, Mabel Pola, Jocelyn Ortiz, Millie Cabán y Darisabel Pérez, quienes tomaron en sus manos el mismo micrófono que utilizaron Jeannette, Vivien y Vangie.

Aidsé se adentró valientemente en el peligroso mundo del reportaje de las noticias del momento y todavía se recuerda que su vida corrió peligro en medio de un motín dentro de un condominio público que en los 80 eran denominados simplemente como caseríos.   

Maritza siempre tuvo la televisión como su aspiración principal, aunque todavía se recuerdan sus contagiosos programas en los que se identificaba con los entrevistados con una sensibilidad nunca antes escuchada por una reportera, mientras que Ana María, con una experiencia como estudiante  de periodismo en Long Island, y una visión radical de la noticia, nos ofrecía una visión feminista y sindical que ya no se escucha en las empobrecidas transmisiones de nuestros machistas días adornados por el “perreo” de las burbujeadas gatitas de nuestro planeta radiofónico.  

Mabel con su especial sensibilidad, Jocelyn con su juvenil picardía, Millie con su notable veteranía y Darisabel con su curiosidad puntillosa, tomaron el micrófono en la emisora de la Gente Alerta, en un concierto de voces femeniles que imprimieron un sabor especial a la radio ponceña.  

Ninguna de ellas permanece en la radio. Jeannette debe estar entrevistando en estos momentos en una emisora del Paraíso a un Da Vinci, o quizá a Miguel Ángel, o tal vez esté conversando con Picaso, Dalí o el maestro Cordero. El resto se ha dedicado a otras cosas para las que vinieron al mundo, que no solo fue parir y echar adelante a sus vástagos, sino que han entrado en el mundo de la asesoría en comunicación política, la publicidad y academia. 

A ellas, que entretejieron historias variadas y jugosas, que nos animaron con interesantes comentarios y entrevistas, que nos formaron con un nuevo discurso antimachista, démosle gracias en el Mes de la Radio, por el camino que trazaron y la semilla de sembraron. Gracias.