Madre, en tu día
10 05 2008
El poeta, cantante y guitarrista cubano, Silvio Rodríguez, dedicó a las madres de su patria una de las canciones más tiernas y combativas que hayamos escuchado.
Silvio, que tiene esa capacidad de transportar nuestras emociones a un complejo nivel filosófico, obsequió a una generación de cantantes, poetas, guitarristas y compositores, un estilo y un contenido, que van desde el más claro signo de compromiso revolucionario hasta el más sensible gesto humanitario.
Defensor de la soberanía de su país, (como todo el mundo debe hacer) ha sido criticado, especialmente en Miami, por no haberse sumado a las críticas de los enemigos de la revolución comandada por el barbudo abogado envejecido que viste de soldado cuando no de atleta olímpico. No obstante, su talento ha sido reconocido universalmente, por lo que el bloqueo ideológico que se ha sobrepuesto al embargo comercial de su isla en forma de cocodrilo, no ha llegado hasta su musa y mucho menos sus acordes. Sería mezquino no aquilatar la obra de un artista por oponerse a su pensamiento político.
A la combativa tinta del bolígrafo de Silvio se ha sumado una guitarra de madera revolucionariamente tierna en la que los temas variados no se escapan, mientras con un afinador de sonido, aceita las cuerdas de su imaginación, para soltar un verso en un mar embravecido de poesías. Su Cuba embargada, su Cuba embravecida, su Cuba bañada por el Caribe americanizado, su Cuba acosada por un exilio trasnochado, su Cuba sovietizada por un pincel mediatizado, es como la mujer patria de los versos de Corretjer, que al igual que Don Pedro, plasmó con su verbo, una estampa de una anciana enfermada en su lecho y al asecho un asesino.
La madre de Silvio, al igual que todas la madres, (madre mujer, madre isla, madre tierra, madre mar), hay que defenderla no solo el día que el presidente Woodrow Wilson firmó la ley para comercializar el cariño un domingo de mayo en los 50 estados provincianos y sus territorios colonizados, sino todos los días de invierno, todas las noches del verano, todas las tardes de otoño, todas los amaneceres de la primavera, pero por sobre todo, todos los minutos de nuestras vidas.
Por eso hoy canto con mi guitarra esta canción que Silvio construyó en 1974 con el puerto de Hai-Phong como paisaje vietnamita, símbolo de los desmadres de la guerra, y que debemos dedicarla con cariño a todas las madres de los soldados que mueren en misiones invasoras a manos de los insurgentes y a las madres que en su propio territorio ven como sus hijos mueren a manos de los invasores.
A esas madres, especialmente a las puertorriqueñas, ahí va la letra, no para que la cantemos y bailemos para ocultar nuestro dolor, sino para que no olvidemos que un demente instalado en una oscura casa blanca puede provocar con una simple decisión basada en una vil mentira, la muerte de nuestros hijos, la mutilación de nuestros nietos y una herida mortal en el rostro lacerado de nuestro corazón.
Madre, en tu día/no dejamos de mandarte nuestro amor/madre, en tu día/con las vidas construimos tu canción/con las vidas construimos tu canción.
Madre, que tu nostalgia/se vuelva el odio más feroz/madre necesitamos de tu arroz/madre ya no estés triste/la primavera volverá/madre, con la palabra libertad.
Madre los que no estamos/para cantarte esta canción/madre, recuerda que fue por tu amor/madre en tu día/madre patria/y madre revolución/madre en tu día/tus muchachos barren minas de Hai-Phong/tus muchachos barren minas de Hai-Phong.
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