Una emisora de deportes por favor
5 05 2008
Fue a través de las ondas de WPAB, que a los 12 años, en 1974, comencé a interesarme por los deportes. En 1974, Puerto Rico fue sede del Campeonato Mundial de Baloncesto y varios partidos se jugaron en el coliseo Juan “Pachín” Vicéns. En 1979, Puerto Rico fue sede de los Juegos Panamericanos. Creo que en cinco años todo el país se contagió con la fiebre del deporte.
Todavía recuerdo las veces que me desvelaba con el radio portátil debajo de la almohada, escuchando los juegos de béisbol en la voz del legendario Wito Morales y las estadísticas de Gerardo Román Fuentes, para madrugar al día siguiente para ir a la escuela. También recuerdo las excelentes narraciones de las carreras pedestres del maestro Quique Ayoroa.
Era poesía y verbo vibrante dentro de una caja de transistores y cables, que con sus pequeñas bocinas, alegraban nuestros días y nos transportaban a través de una onda de amplitud modulada, a los lugares donde se llevaron a cabo los pacíficos combates y las amistosas escaramuzas que se generaban en los eventos deportivos.
Varios años antes de cumplir los doce, supe que existía eso que llaman deportes. Mi padre y mi hermano mayor hablaban de los atletas, los retirados y los activos, como si los conocieran o como si nos visitaran en nuestras casas. Se hablaba con orgullo de sus hazañas y con un aire de no dejar que nunca se olvidara lo que hicieron. Los escuchaba pero los muñequitos en la televisión eran mi prioridad, así como las tirillas cómicas de los diarios.
Fue por la radio que nos enteramos del trágico final de Roberto Clemente, mientras trataba de alzar vuelo para brindar ayuda a los hermanos nicaragüenses que enfrentaban con mucha dificultad, los resultados devastadores de un terremoto.
Por la radio escuchamos y luego vimos por televisión, la victoria de Puerto Rico ante Yugoslavia en los Juegos Olímpicos de Munich y también supimos por la radio de la toma de rehenes de la delegación israelí con sus terribles consecuencias. Primero nos enterábamos por la radio y más tarde lo veíamos en la televisión. Al día siguiente nuestros padres buscaban los detalles en el periódico como quién no cree lo que escuchó en la radio o vio en la televisión.
Al llegar la década del 80 y entrar a la universidad, fue cuando empecé a escuchar con regularidad el que considero ha sido el mejor programa sobre deportes en la radio puertorriqueña: Foro Deportivo.
Animado por Pedro Carlos Lugo y José Fernández Colón, Foro Deportivo, nos expuso al maravilloso mundo de los deportes, (perdonen esta frase trillada, pero no puedo resistirme ante ella, es bella y fuerte al mismo tiempo), de un modo diferente al que habíamos escuchado antes. Ya no se trataba de un abrumador resumen de estadísticas y resultados, sino que elevaron el nivel de la discusión deportiva a un dialogo muchas veces, un debate otras y sobre todo una rica conversación, ya no de los números acumulados por un atleta o la marca superada, sino de la dimensión humana detrás de sus estadísticas, del cúmulo de alternativas que barajaron los dirigentes para llegar a una decisión en una crucial jugada, o de la aportación sociológica del deporte a una madre que llamamos Patria.
Fue a través de Foro Deportivo que escuché las voces de diversos comentaristas, además de Pedro y Pepén. Escuché a Carlos Uriarte, quien le puso carne y hueso a las estadísticas. En Foro Deportivo supe de las promesas incompletas de Chiro, los puntos suspensivos de Ibarra, los sueños monárquicos de Don Germán, y del verbo aguerrido de Armandito.
También supe de otras voces y luego de ellos estuvieron otras figuras como Richie y Junior Lugo, quienes heredaron un estilo pero le imprimieron personalidad al mismo con un enfoque particular que emanaba no solo de su amor por los deportes sino por el valor del programa mismo. También estuvieron otros comentaristas como Eliud Figueroa; gran conocedor del voleibol, Eric Rivera; un impaciente fanático contagiado por el béisbol y la salsa y Charlie García, que con su libretita de apuntes nos ofrecía los números al día. Se me escapa de la memoria otro tanto. Yo también estuve allí, pero mi aportación fue efímera.
La radio ponceña ha aportado muchas voces a la prensa deportiva. Rafy Sepúlveda fue por muchos años narrador de cabecera de los Leones de Ponce en el béisbol profesional. Narrador elegante con una voz fuerte y tierna a la misma vez, dibujaba con el pincel de su garganta las obras de arte que construían en el campo de juego los bailadores de danzas que habitan en cada atleta que se coloca un uniforme dentro de un diamante de béisbol.
En la radio nos enteramos también de la existencia de un deportista que se había atrincherado en una emisora de radio, pero no era para acometer una agresión ni exigir un rescate, sino que se trataba de Luis Varela con su Trinchera Deportiva. Varela fue, quien con un estilo aguerrido más que agresivo, incisivo más que irrespetuoso, y sarcástico más que burlón, nos presentaba un panorama cuestionado y cuestionable de las hazañas que nos querían hacer ver y de las promesas que nos intentaban vender. Con su ametralladora de preguntas cargadas, supimos por Varela que existían, además de los atletas y directores técnicos, unas figuras que estaban ocultas detrás del telón, se trataba de los propietarios, apoderados o federativos, que tomaban las decisiones de lo que debía hacerse y dejar de hacer en el campo de juego.
No se puede dejar a un lado la olímpica aportación de Walter Ortiz Zavala, que con un aura de comediante y una figura de sacerdote católico pero con el “swing” de un salsero, ha entretenido a miles con su programa al mediodía, en el que como si fuera una guagua o un vagón de un tren, se montan diversos pasajeros del mundo del deporte para acudir a la catedral designada por el evangelista del baloncesto, através de las ondas de las diversas emisoras en las que ha presentado su show.
Ha sido la radio y con ella los deportes, los que han narrado nuestros días de emociones y desencantos, de esperanzas y sinsabores, de comedia y teatro. No puede decir una emisora de radio que ofrece un menú completo si no nos ofrece el postre que saboreamos en cada deporte. Sin deportes un medio es como un restaurante en el que solo venden agua y café. A los programadores de todas las emisoras de radio que se han contagiado con el maligno virus de la politiquería rancia, les recomiendo que busquen su propio Foro Deportivo, en el que la sabrosa conversación y el dialogo productivo generen de una manera lúdica una verdadera revolución de la radio. En el mes de la radio. ¿Quién se atreve?
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