Posteado por: Reinaldo Millán | 3/13/2008

La mujer que nunca existió

 

Sería un hipócrita si dijera que no he sido un consumidor visual de sus atributos mercadeados por el mundo virtual. No hay duda de que se trata de una mujer que llama la atención en todos los lugares que pisa y en los que no suele pisar, ya que no hay medio noticioso que no registre sus pisadas y no rinda cuentas de sus bellas curvas, de su piel acanelada y sobre todo de su intelecto o mejor dicho de su filosofía de vida especial.

La primera vez que supe de ella fue en un centro comercial de Ponce, hace más de una década mientras hacía fila en el área del famoso food court de comida globalizada. Tenía un pantalón blanco con rayas azules o grises ajustado a su cuerpo o quizá era su cuerpo el que se había ajustado a esa tela. Su blusa del mismo color presentaba una forma ajustada a sus pechos y sobre uno de ellos posaba la tarjeta de empleada de la tienda por departamentos en la que trabajaba.

Su rostro juvenil maquillado a la par con su vestimenta, su piel canela dulcemente acaramelada y sus labios carnosos unidos a una mirada sensual pero inocente, hacían que sus suculentos encantos se pasearan como un manjar frente a los comensales que apuntamos nuestra mirada hacia su cuerpo, mientras disimuladamente nuestras compañeras de fila miraban hacia otro lado como queriendo olvidar el monumento que nuestras pupilas homenajeaban acompañadas de nuestros labios sedientos.

Recuerdo bien ese momento, no porque me haya convertido en un coleccionista de ese cuerpo o en un fanático de su rostro o mucho menos un propagandista de sus pechos. Es que en aquella ocasión, alguien en la fila hizo un comentario que todavía escucho cuando esa mujer se vuelca sobre las notas del diario farandulero de los viernes sociales que nos ofrece en las páginas centrales un sabroso ejemplar de eso que llamamos entretenimiento. “Esa nena va a llegar bien lejos”, dijo esa voz cuyo rostro no recuerdo, quizá porque mi mirada estaba grabando aquel poderoso cuerpo.

No dije nada porque siempre he sido discreto, especialmente con gente que no conozco, pero vinieron a mi mente, con aquellas palabras, una serie de pensamientos. 

¿Tendrá éxito esa chica de labios carnosos simplemente por su escultural cuerpo o quizá detrás de esa fachada espectacular hay un extraordinario ser humano, una especial sensibilidad, una inteligencia superior o una mujer solidaria como ninguna en el firmamento? 

Pensé también que tal vez esa chica de mirada sensual sabía cantar y bailar, o tocaba algún instrumento de viento o de cuerdas, o tal vez se trataba de una futura modelo elegante de una fina casa de algún modisto internacional. Pensé también que podría ser una chica bien aplicada en ciencias sociales que tendría una exitosa carrera en el fascinante mundo de la abogacía del bien contra el mal.

Pensé también que detrás de aquel pantalón ajustado surgiría una gran empresaria, una extraordinaria gerente, una experta en mercadeo, una relacionista profesional sin igual, una publicista de primera, una analista financiera de gran peritaje, pero luego borré esos pensamientos y también pensé que tal vez esa niña con cuerpo de vedette, pudiera ser presa fácil de un facineroso, de un explotador, de un traficante del sexo, de un mercader de la carne, de un promotor de la lujuria o de un exportador de extravagancias o un vendedor de revistas pornográficas.   

Ahora que la he vuelto a ver, confieso que me sigue llamando la atención su cuerpo a pesar de sus seis cirugías, sus curvas cercenadas, sus costillas ajustadas  y su ombligo reconstruido. También he sabido de su local incendiado y de su compañero desaparecido. De igual modo me han contado de sus negocios de ropa femenina para el interior y hasta de pantaloncillos masculinos para el exterior.

Una década después tengo que decir que me equivoqué. Ni mis buenos pensamientos fueron sanos ni los insanos fueron realidad. Esa mujer sigue siendo hoy el futuro de una idea y el pensamiento futuro de una posibilidad, porque esa mujer no existe, nunca existió ni existirá.

 

 

 

Posteado por: Reinaldo Millán | 3/13/2008

Un león en la fuente con un mapo a su lado

 

“Él y ella no son opciones para nuestra ciudad. Ambos tienen la mirada puesta en el norte y no en el sur.”, dijo el abogado en una conferencia de prensa en la que anunció su candidatura autónoma a la alcaldía de la nación roja y negra.

El abogado refutó además, la posición de sus opositores en el sentido de que el mapo no puede utilizar la insignia del león, ni los colores rojo y negro, en lo que aparenta ser otra batalla en su camino de convertirse en el primer alcalde por un partido municipal en la ciudad que lo acogió luego de graduarse de Derecho en una santa universidad.

 

Destacó que los organismos estatales aprobaron la insignia y los colores del mapo. Sin embargo los opositores sostienen que el símbolo del león y los colores rojo y negro son patrimonio de todos los ponceños y no puede ser privativo de ningún movimiento político. Mucho menos del mapo.

Estuve viendo el afiche del mapo y sin temor a equivocarme, estoy seguro que el artista que desarrolló ese trabajo, tiene que haberse inspirado en la estatua del león que habita en la fuente principal del complejo recreativo de la playa señorial.

La estatua de ese león, fue colocada mientras dirigía las riendas municipales el alcalde cordero que rugía como un león. Se trata de un león con un rostro tan peculiar que muchos lo comparan con el del alcalde desaparecido. Algunos, más atrevidos, dicen que se trata del mismísimo alcalde perpetuado en la estatua de un león. No sabemos si esa estatua tiene un mapo en sus manos, pero si hemos notado que ofrece a los visitantes una vista posterior que alude a una demostración de virilidad nunca antes exhibida, y que apunta a un valor supremo de gran tamaño, enorme fuerza y un gigantesco poder.

Así las cosas, el escenario está preparado para la puesta en escena de una obra en la que por primera vez los cuatro candidatos a la alcaldía señorial, habrán nacido fuera de sus 114 millas cuadradas y sus electores deberán determinar quién habrá de seguir el camino trazado por el alcalde felino y que deberá portar en su pecho unas letras gigantes de orgullo ponceño o darle paso, si la dejan, a una leona de color azul que busca con garras que sus colegas azules le permitan optar por un espacio cercano al tierno felino de grandes atributos que habita en la fuente central.

Cuatro meses faltan para ese evento y cuatro son los aspirantes a la poltrona municipal, que no es otra cosa que una silla para gente de espaldas largas y piernas cortas, como hecha a la medida del propio alcalde fenecido. ¿Quién se sentara en esa silla a partir de enero de 2009?  Habrá que mirar quién tiene espaldas largas y piernas cortas o en su lugar descubrir quién tiene atributos parecidos a los de la estatua del león que rige la fuente principal del gigantesco complejo recreativo.  

Posteado por: Reinaldo Millán | 3/13/2008

Las horas de Alexis

 

 

Alexis Morales Cales tiene una mirada como perdida, tal vez porque está adornada por dos enormes anteojos o quizá porque está distraído componiendo una poesía. Los años han pintado de gris su cabello. Lo conocí como periodista, pero Alexis es poeta, compositor, músico, maestro de cuerdas y se le recuerda como confidente musical del fenecido Tony Croato, un boricua nacido lejos de nuestras hermosas playas pero que se instaló en nuestras bellas montañas.

Morales Cales creció en el barrio Magas de Guayanilla, tierra que me ha dado tantas alegrías. Alexis acaba de publicar un libro. Eso no es raro, porque se trata de un ferviente lector, que no es otra cosa que un escritor en incubadora. Sabíamos que tarde o temprano Alexis iba parir un libro. Sabíamos que estaba embarazado, pero nunca sospechamos que daría a luz una publicación tan original que no encuentro una definición para encasillarlo.

Como buen músico ha creado una composición que ha titulado Horas Nuestras, así como aquel bolero de Los Panchos que compuso Alfredo Gil. Horas Nuestras es un bolero pero también es una poesía. Horas Nuestras es un relato pero también es un reportaje. Horas Nuestras es una novela pero también es un guión cinematográfico. Horas Nuestras es una crónica pero también es un editorial. Horas Nuestras es historia, literatura, música, filosofía, cine, radio y televisión.

Escrito con gran originalidad, Morales Cales le da foro a los que no tienen voz, cuando recoge los testimonios de seres anónimos, hasta genéricos si se quiere, pero con rasgos personales que solo los que vivieron de 1950 a 1956 en el barrio Magas de Guayanilla, los pueden descifrar. Los testigos ya no están con nosotros pero Alexis les brinda la oportunidad de permanecer vivos a través de Horas Nuestras. En ese sentido los hace inmortales sin rostro y sin nombre.  

El mismo Alexis nos relató en la presentación que hizo hace unos días en Guayanilla, que HORAS NUESTRAS: 1950 -1956, “es el primer volumen de una serie que abarcará la historia de Puerto Rico en la segunda mitad del siglo veinte. Una historia vista, no a través de analistas políticos ni de investigadores, sino desde la perspectiva de la gente común que ha vivido esa historia. Este primer volumen muestra eventos que han quedado en el olvido o que incluso nunca se habían documentado”.

“¿Sabía usted que en 1950 Puerto Rico vivió la experiencia que hoy se vive en Irak? ¿Sabía que Río Piedras dejó de ser municipio por error de sus residentes en un referéndum? Probablemente tampoco sabe que durante ocho años el Partido Independentista tuvo una fuerza electoral que puso a temblar al gobierno, y que la independencia tenía muchos más simpatizantes que la estadidad. En ese caso querrá saber cómo se invirtieron los papeles”, subrayó el autor guayanillense residente en Lares.

Horas Nuestras es un libro que de seguro va a dejarle un sabor nunca antes sentido en su paladar de lectura. Es una receta contra el olvido y un ritual entretenido dentro del mundo de la nostalgia. Es hora de leer Horas Nuestras. Es la hora de Alexis.  

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